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Breve historia de la ignorancia humana: de la adoración de los astros hasta nuestros días

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Hubo un tiempo en el que el homo sapiens observaba los astros y los ciclos de la naturaleza, y no podía ni por un momento imaginar el retrato que hoy en día tenemos del universo. El sol, la luna, el rayo y las estrellas e incluso los cambios de estaciones, eran para ellos misterios incomprensibles y quizá demostraciones de poder de entidades a las que era preferible no enfadar. ¿Qué iban a hacer ellos si el dios sol decidiera no salir por las mañanas?

En este caldo de cultivo para el MIEDO y la superstición, quien podía predecir un eclipse o el paso de un cometa, era más poderoso que los dioses a los que decía representar.

Ya en la civilización sumeria encontramos una religión politeísta organizada, y que desarrolla una doble funcionalidad: guarda el conocimiento, (tanto el práctico y real como el mitológico), y establece las normas bajo las que funciona la sociedad. Las reglas probablemente se basarían en la razón y seguramente serían coherentes con sus circunstancias, pero se las disfraza de mandatos divinos. En Sumer gracias a las tablillas de escritura cuneiforme se ha rescatado la primera versión conocida del diluvio universal.

Pero el universo es entrópico y las sociedades humanas no escapan al caos, así que Sumer no podía mantener la hegemonía mesopotámica por siempre, y con el tiempo apareció otra civilización procedente de la península arábiga, (semitas por tanto), que terminó por establecerse entre el Tigris y el Éufrates. Su religión fue claramente influída por la sumeria, aunque cambiaron los nombres de sus dioses por otros de origen semita: se trata de Babilonia. Durante el periodo babilonio encontramos dos versiones más del diluvio universal, la más reciente de las cuales es prácticamente la misma que la de los hebreos.

Y ya que hablamos de los hebreos, estos llegaron precisamente ahí procedentes de la península arábiga, a la región comprendida entre el Tigris y el Éufrates, y son los antepasados directos de los judíos. Veamos que nos dice la bendita wikipedia sobre su religión:

“Al principio se le llamaba “Elohim” que significaría “Dios” nombre manejado en la etapa politeísta. “Adonai” fue otra denominación, que significa “Señor de Señores”; y ” El Shaday” que significa “Todopoderoso”. Para llegar a esta etapa monoteísta, creencia en un solo Dios, pasan previamente por: una etapa de Totemismo, de adoración de animales; luego a la del Fetichismo, adoración de objetos materiales y por último, la monolatría.”

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Parece que los hebreos sufrieron una gran evolución de sus mitos antes de llegar al judaísmo y al Yaveh que conocemos hoy en día, probablemente de cientos de años. Sin embargo, los textos de la Torah, (básicamente el antiguo testamento), no se habrían construído como mucho hasta unos cien años antes de cristo, pese a contener una nueva versión del diluvio universal.

Las conclusiones son evidentes, atendiendo a la historia… ¿qué clase de cimientos endebles le dejamos a las tradiciones que sustentarían las dos reelaboraciones posteriores de esta religión, también conocidas como cristianismo e islam? Pues los únicos cimientos posibles construidos a través de los siglos a base de la de la mezcla de culturas, la adopción de mitos anteriores y la creación de otros nuevos que convengan más a la realidad socio-política del momento. Al fin y al cabo, todavía estamos en una etapa de la humanidad en la que el mito y la política van de la mano. La religión se creaba para forjar la herramienta política más útil en cada momento, (cualquier egiptólogo diría que esto es una perogruyada). A las tribus hebreas, nómadas, sin tierra propia, humilladas y esclavizadas en su pasado reciente, les convenía crear la ficción moral de ser el pueblo elegido por el dios verdadero, heredero de una tierra que nunca había poseído.

Pero hete aquí que el pueblo hebreo, (ya judío), vuelve a ser humillado y esclavizado por los romanos. Y dado que aún esperan un mesías que venga a liberarlos y establecer su ansiada hegemonía, llegamos a un cisma y, tomando como base la tradición judía, que viene de la hebrea, que a su vez está influenciada por Sumer y Babilonia, surge… el cristianismo.

Dudo mucho (y esta es una opinión personal), que el carácter de la figura de ese supuesto Cristo y sus seguidores tuviera algo que ver remotamente con el cristianismo actual. Seguramente se trataba de un movimiento rebelde contra la ocupación romana. Al fin y al cabo lo que conocemos de cristo no pueden considerarse datos históricos, ya que los evangelios fueron escritos mucho después de su muerte, por personas que no le conocieron, y que cuentan básicamente lo mismo porque se copiaron unos a otros.

El momento crucial en la historia del cristianismo llega con el emperador Constantino. Hasta ese momento, la política religiosa del imperio romano había sido coherente con el eclecticismo que caracterizaba a su civilización en todas las otras áreas de la cultura, como el arte. Los romanos adoptaban como propios los dioses de todos los pueblos a los que conquistaban, ya que esto favorecía la cohesión del imperio. Pero el cristianismo fue una religión agresiva, seguramente porque había sido perseguida en sus orígenes de rebelión mesiánica, y cuando fue aceptada en el seno del imperio no tuvo piedad con las demás. (Esto es solamente una conjetura mía).

El mito de la resurrección de Jesucristo es la enésima reelaboración del mito de Osiris, Mitra, etc… un dios solar más. De hecho, el cristianismo y el mitraismo fueron contemporáneos y competidores directos durante el imperio. Finalmente, Constantino proclama el cristianismo como religión oficial del imperio romano, y a partir de entonces, una de sus festividades más importantes: Deus Sol Invictus, (el invencible dios sol), que anteriormente había pertenecido a otras deidades solares como Mitra o el asirio El Ghabal, pasa a convertirse en la navidad, el aniversario del nacimiento de ese personaje que ya para entonces no tendría nada que ver con el judío que metía ideas subversivas en las cabezas de su pueblo. ¿Por qué los romanos celebraban el Deus Sol Invictus en esas fechas? Pues simplemente porque en el hemisferio norte coinciden con el solsticio de invierno, la fecha a partir de la cual los días comienzan a durar más que las noches y que representa, efectivamente, el triunfo del invencible dios sol.

Comenzaba aquí una larga y negra etapa en la que imperarían el oscurantismo religioso, el retroceso cultural y científico, y la sumisión de las artes a la religión. Este periodo abarcaría toda la baja y alta edad media y sería algo así como una recesión en el progreso de la humanidad.

Casi todos los mitos del cristianismo que no son herencia del judaísmo y sus antepasados provienen de esta época: los santos y todas las festividades cristianas que fueron colocándose estratégicamente en las fechas adecuadas ( Todos los Santos en lugar de Hallows Eve; Noche de San Juan en lugar del solsticio de verano;  etc…), con el objetivo de ir sustituyendo poco a poco las tradiciones paganas indoeuropeas por la nueva religión importada de oriente medio.

Por ejemplo, los judíos no tenían un diablo, como mucho tenían a Satán, que era un ángel espía de Yaveh, cuya función era tentar a las personas y luego “chivarse” a dios si picaban el anzuelo. Satán significa adversario y acusador, (pero adversario del hombre, no de dios), ellos no tenían la dualidad sobrenatural del bien enfrentado al mal. De hecho su dios era tan capaz del mal como del bien.

Lucifer, sin embargo, era un simple obispo de Cagliari que protagonizó uno de los primeros cismas del catolicismo.

Eusebius Sophronius Hieronymus, (conocido hoy en día por los cristianos como San Jerónimo), escribió una obra en contra de este cisma llamada “El Diálogo contra los Luciferianos”. Lo malo es que el buen Eusebio también se encargó de una de las primeras traducciones de la biblia al latín, y en un famoso pasaje donde se hace referencia a uno de los múltiples enemigos opresores del pueblo hebreo, (“dónde vas estrella rutilante…”), “San Jerónimo”, escribió el nombre de su antagónico contemporáneo, el señor Lucifer, ahí como si tal cosa. La tradición posterior ha identificado a esta entidad con un diablo enemigo de dios, caído en desgracia y envidioso del hombre.

Y si queréis saber por qué en las pelis de miedo es una cabra, esto se debe a que durante la edad media la iglesia identificó la idea del diablo con la del dios Pan de los cultos paganos que trataba de sofocar.  Pan solía ser representado como una cabra un tanto antropomorfa que iba por el campo tocando la flauta alegremente.

Imposible evitar recordar al Akerbeltz de los vascos, figura por cierto también PRE-CRISTIANA y adorada en forma de cabrón negro en los akelarres. Akelarre es un término que hoy en día se usa paradójicamente de forma universal, en otros idiomas aparte del vasco, para referirse a cultos al diablo de los cristianos. (¿?). Sí, efectivamente, este artículo lleva escrita la palabra “ignorancia” en el título por un motivo.

En fin, La iglesia hizo de la demonización su estrategia favorita para acabar con la oposición. La máxima expresión de ello llegó con un tal Torquemada y su tribunal de la santa inquisición… pero bueno, todo este material y temas como el papel de la herramienta religiosa en el sometimiento de los pueblos americanos precolombinos, darían para sendos posts monográficos.

Pero las calamidades religiosas no iban a terminar con el cristianismo.

622 años después de cristo, llega el año 1 del calendario musulmán. Y llegó Mohamed e inventó el islam, (que en términos catastróficos es casi como decir que llegó Aznar y liberalizó el precio del suelo). El islam no necesita presentación, es el último remake del folklore hebreo, (de momento).

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Bromas aparte, no voy a extenderme sobre este tema, todos sabemos de los enfrentamientos de las tres religiones monoteístas, y las guerras y desastres que han causado hasta la historia reciente. Creo que esto ya forma parte de nuestra realidad cotidiana.

[Brutal elipsis narrativa, síndrome de Salman Rhusdie)]

Pero volvamos al catolicismo. En un plano espiritual, la iglesia había adoptado la dicotomía platónica de la esencia y la materia; del ser y la forma; del alma y el cuerpo; del bien y del mal. La idea del bien era la más perfecta de todas las ideas del mundo de las ideas enfrentado al imperfecto mundo material. Esta idea existía en este maravilloso mundo ideal, independientemente de que existieran o no personas que pensaran en ella (en la idea del bien). Las personas eran mucho más que impulsos eléctricos en un sistema nervioso: tenían un alma de cuya salvación preocuparse, y un código moral que cumplir para ello. La iglesia te prestaba un servicio necesario para la eternidad, y podía llegar incluso a venderte indulgencias, (dinero a cambio de absoluciones).

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En un plano cosmológico, la concepción del universo era aristotélica y ridículamente antropocéntrica. La tierra tenía que ser el centro del universo, ya que dios había creado el universo para cultivarnos a nosotros. Por eso, cuando algunas voces empezaron a insinuar que las trayectorias de los astros revelaban una situación completamente diferente, los pilares de la filosofía católica comenzaron a temblar. Todos conocemos la historia de Galileo, y no bromeamos al afirmar que el cristianismo supuso una recesión en el progreso de la humanidad.

Hoy en día sabemos que el sol no gira alrededor de la tierra, que la tierra no es el centro del sistema solar, que el sistema solar ni siquiera está en el centro de su galaxia y que la nuestra sólo es una entre muchas galaxias. Quizás sea un poco decepcionante, pero parece ser que la “creación” no gira en torno al hombre.

Más recientemente, el papa solicitó entrevistarse con Stephen Hawking y otros científicos, y en esta reunión les expresó su preocupación por la naturaleza de sus investigaciones. Les dijo básicamente que podían investigar el funcionamiento del universo a partir del big bang, pero que no debían indagar en el big bang mismo, porque era el momento de la creación de dios. Es como si la iglesia estuviera suplicando “por favor… no nos quitéis la creación… ¡es lo único que nos queda!” Parece que las cosas han cambiado un poco desde los tiempos de Galileo y, afortunadamente para todos, la comunidad científica no ha hecho mucho caso de esta advertencia.

A parte del principio antrópico que cuestiona el papel del hombre en el universo, aquí sobre la tierra se nos presenta un problema religioso mucho más inmediato e inquietante. La variedad cultural del homo sapiens ha dado como fruto un abanico preocupantemente amplio de opciones religiosas, cosmogonías y creencias de lo más variopintas. Esto es realmente un problema, porque a pesar de que usted intente acceder a un paraíso islámico con un determinado número de vírgenes por disfrutar… ¡podría acabar reencarnado en una cucaracha budista!

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Este problema se mantiene sin solución debido a que la fe es irracional, y es el argumento último para resolver cualquier incongruencia. Si usted es cristiano, seguramente le parecerá ridículo que un cienciólogo le hable de Xenu, el dictador de la confederación galáctica que cultivó la tierra con formas de vida hace 75 millones de años. Sin embargo, no tendrá ningún problema en aceptar que toda la humanidad procede de dos personas, que una mujer concibió el hijo de un dios sin mediación de un padre, o que este resucitara y ascendiera a los cielos en cuerpo y alma. La mayoría de los seres humanos pasan por sus vidas sin cuestionar las creencias en las que fueron educados, aunque convivan con creencias diferentes e incluso contradictorias…

Conocí a una “persona” que, después de saber de los datos mitológicos sobre distintas versiones muy parecidas del diluvio universal en distintas culturas, llegó a la delirante conclusión de que eso demostraba que el diluvio universal fue un hecho histórico.

¿Y qué me importa a mi, si mi vecino, el que trabaja en el kebab de la esquina, cree en un montón de dioses distintos, con muchos brazos e incluso cabezas de elefante?

Los demás están claramente equivocados.

¿No?

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